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¿Una bata o una manta? La batamanta ya tiene un veredicto

Un tribunal de Estados Unidos tuvo que decidir si es una prenda de vestir o ropa de cama. ¿Quieres saber que ha pasado? Sigue leyendo…

¿Qué es en realidad la batamanta?

Juez decide sobre la manta con mangas

Desde que se convirtió en todo un fenómeno viral allá por el año 2009, esta curiosa prenda de vestir no ha hecho más que expandirse hasta ser, hoy en día, un artículo que utilizan personas de todo el mundo para pasar largos ratos en el sofá.

Tapados hasta el cuello, pero con total libertad para mover los brazos mientras estas abrigado durante las largas tardes de otoño e invierno.

Más conocida como ‘Snuggie’ en Estados Unidos, marca que la patentó, la batamanta ha dado lugar a innumerables memes y parodias en YouTube desde su creación.

Pero además de chistes, también ha creado cierta disputa desde su creación hasta llegar a la última década.

¿Qué es realmente: una bata o una manta?

Aunque puede parecer una pregunta poco relevante, clasificarla de una forma u otra supone una diferencia de cientos de miles de dólares para Snuggie y para Allstar Marketing Group. De millones, incluso.

Esta compañía es la encargada de importar el producto en Estados Unidos para ofrecérselo a Snuggie, y ha pasado las últimas décadas de pleito en pleito peleando para que dejara de considerarse una prenda.

La razón es sencilla: las prendas de ropa están sujetas a unos impuestos significativamente más altos que elementos del hogar como la ropa de cama… O las mantas.

Concretamente, a un 14’9%, frente al 8’5% del que gozan los artículos del hogar. De ahí la disputa que, hasta ahora, se mantenía en favor de Aduanas y del Departamento de Justicia del país.

Y por fin hay un veredicto de un juez

Sentencia

En realidad es una manta. “Agregar las mangas no convierte a la batamanta en ropa”.

Así lo dictaminó en febrero de 2017 el Tribunal de Comercio Internacional, oponiéndose al departamento de Justicia estadounidense y fallando a favor del fabricante que, desde entonces, disfruta de una presión fiscal significativamente menor.

Las razones del tribunal son bastante objetivos. El argumento principal responde al propio slogan del producto: “¡La manta con mangas!”.

Un slogan que aparece en su embalaje desde la invención de la misma y que finalmente le dio la victoria.

Además, las imágenes publicitarias del producto muestran habitualmente al consumidor utilizando este producto en situaciones en las que claramente sustituye a una manta tradicional, y no a una bata.

Por ejemplo, la -ya- clásica imagen de una pareja recostada en su sofá, viendo una película y tapados con una. A veces no con dos, sino con una doble -que haberlas, las hay-.

En definitiva, desde que por fin se logró clasificar este producto como ropa de cama, las compañías implicadas en su comercialización en Estados Unidos gozan de una presión fiscal cuantiosamente menor.

Pero no solo eso, sino que este cambio ha dado a dichas empresas cierto margen para reducir el precio del producto en el mercado, de modo que, desde febrero de 2017, los consumidores estadounidenses la pueden comprar por un precio más económico que hasta entonces.

¡Un final feliz para los amantes de las largas tardes de invierno en el sofá!

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